Documento: De la Democracia de las Elites a la Democracia de los Marchantes

De la Democracia de las Elites a la Democracia de los Marchantes

Senador Jaime Quintana Leal

 

Escribo este documento inspirado en tres momentos:

El primero es la convocatoria que un grupo de parlamentarios hicimos el año pasado a una actividad que denominamos “la política escucha a la ciudadanía” en el taller “El ladrón de bicicletas”, donde se desató un debate riquísimo sobre la importancia de recuperar los espacios democráticos para los ciudadanos.

El segundo es la presencia en todo Chile de la “Nueva Oposición”, movimientos sociales que integran desde jóvenes ABC1 de la capital hasta campesinos pobres de la Comuna de Melipeuco, marchando en contra de la construcción de HidroAysen.
El tercero es la lectura de los siete desafíos que el Presidente Ricardo Lagos propone al país en su documento Chile 2030. Cuando el ex Presidente nos mueve a construir un Chile con  una Democracia 2.0, que vaya de la gradualidad a la revolución en educación; que avance a una sociedad de garantías y obligaciones, que seamos un país  nodo y  tengamos las mejores ciudades para vivir, que la población sea el motor del desarrollo, que se quiebre la tendencia en la distribución de ingreso y que seamos un país líder y potencia en energías renovables, me pregunté ¿Puede la Concertación abordar estos desafíos? Y me respondí de inmediato ¡No¡

No hay en este documento un afán de  entregar recetas mecánicas o express al duro momento que vive la Centro Izquierda, mas bien mi intención es aportar al debate de una nueva construcción socialdemócrata para Chile.

 

Entrego este documento para el análisis de los partidos políticos de la Concertación, para aquellos que no están representados en el parlamento y especialmente para las organizaciones sociales que hoy se manifiestan en las calles de  todo Chile.

 

 

I. La Marca v/s  El Contenido

 

Cuando nacimos como coalición teníamos un proyecto de país que en la administración  del poder fue perdiendo vitalidad transformadora. Hoy padecemos la misma ausencia de guión que el Gobierno. Lo cierto es que la actual Concertación no tiene objetivos ni un rumbo definido, no esta claro hacia donde vamos ni cuales son nuestra ideas ni ejes estratégicos, mas bien estamos en una etapa de inercia donde cada partido tiene preocupaciones y motivaciones propias. No hay espacio ni voluntad para invertir en construir una nueva comunidad política. Como dice el tuitero @ alefuhrer “pasamos en 20 años del arcoíris al código de barras “

No se soluciona esta crisis cambiando el arcoíris por otra figura publicitaria. Es mas el tema de la marca es posterior a la conversación sobre el nuevo Chile que la Centro Izquierda quiere construir. El daño irreversible de nuestra coalición hace imposible que podamos abrir solos esta conversación tanto es así que todo lo relevante que ha sucedido en materia de movimientos sociales no ha salido del lenguaje concertacionista, sino de otros espacios sociopolíticos.

La Concertación nació de la diversidad y ese fue nuestro orgullo durante muchos años. El eje PPD-PS que representaba una mirada de derechos sociales y libertades públicas, una Democracia Cristiana con una mirada social anclada en el centro político y en la clase media y una cultura laica comprometida con la educación pública, representada por los radicales. Todos estos mundos dialogaban y su respeto estaba dado porque  eran ideas que contribuían a un proyecto común de país, centrado en la justicia social. Nada de eso se ve hoy día.

 

Cumplimos un ciclo importante y tuvimos un desempeño más que aceptable en la reconciliación nacional y respeto por los DDHH con Patricio Aylwin , un proceso de modernización de nuestra infraestructura y reformas institucionales mas los avances notables en la superación de la pobreza a mediados de los 90 por el Presidente Eduardo Frei. Un nuevo marco de protección social enfocado en los derechos de las personas impulsado por el Presidente Lagos y Michelle Bachelet. Todo muy bien, pero pasado al fin y con el pasado nada se puede ofrecer. ¿Cuál sería el texto en común para las futuras elecciones municipales? ¿Tendrán nuestros candidatos, el arcoíris como fondo en la papeleta?

 

 
Desde la derrota de Enero de 2010 en el Senado sólo  hemos demostrado cohesión, coordinación y convicción en el marco de la discusión del posnatal, pero  mostramos profundas brechas en las discusiones sobre el Royalty y la reforma educacional. Algo no anda bien cuando no nos podemos poner de acuerdo en los temas centrales que fundaron nuestro conglomerado, a saber, la defensa de nuestros recursos naturales y la educación pública.

 

II. El 2005, Bachelet nos sacó de la UCI

 

La difícil victoria de Lagos frente a Lavín fue tan emocionante y estrecha que ocasionó más efervescencia que análisis de lo que se estaba gestando en la ciudadanía. Comenzó a cultivarse la autocomplacencia que impidió ver lo que había realmente sucedido: Un reconocido estadista era casi derrotado por un Alcalde que solo prometía “Cambio”. Nadie en la Concertación tomo en serio este proceso y más bien se le caricaturizó, minimizando los crecientes desapegos que la gente venía sintiendo con la Concertación.

 

 

Michelle Bachelet fue un fenómeno político  que logró re entusiasmar a la gente. Su triunfo radicó en una promesa: Construir un gobierno ciudadano. Impulsó una agenda pro-participación, sin embargo en el corto tiempo, ese espíritu de la Presidenta, fue mal entendido por los tecnócratas y se fue quedando sólo  en Power Point y talleres,  sin dar paso a la  nueva construcción política que su coalición requería y que ella representaba. En esta tarea la pesada carga estructural de la Concertación  fue mucho más fuerte que Bachelet  y le puso cortapisas a su diseño de hacer un Gobierno aun más inclusivo.

 

Chile, en  el ranking de gobernabilidad del Banco Mundial, viene desde 1996  descendiendo sistemáticamente  en indicadores como el de “voz y rendición de cuentas”: de 1,17 a 0,96 en la actualidad y Bachelet no pudo detener la caída. Aquello que le dio el triunfo,  a saber, el ansia de participar, siguió esperando y la gente se aburrió. ¡Perdimos¡.

 

La victoria de Bachelet sólo detuvo por un momento ese malestar que venía creciendo hacia la clase política y especialmente hacia la Concertación. De alguna manera, la Presidenta estuvo a cargo de una coalición ya en estado terminal, que día a día adquiría mayor lejanía con la ciudadanía. La victoria de Bachelet fue un oxígeno que nadie se esperaba y que nos sacó de la UCI.

 

Michelle Bachelet fue una gran Presidenta, recuperó el alma de la protección social que se venía neoliberalizando al extremo, abrió un nuevo mundo para las mujeres y niños de Chile, pero no nos engañemos,  sin Bachelet, la concertación ya perdía el 2005.

 

 

III. El Seppuku de la Concertación
En Japón, se denomina Seppuku al suicidio ritual por desentrañamiento, el mismo que en Chile se conoce como Hara-Kiri. Era una práctica común entre los Samurais, que consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente, rechazando cualquier tipo de muerte natural, y se practicaba en circunstancias que se referían a vengar a los amigos, pagar un crimen o error, o evitar el deshonor.

 

La Concertación debiese realizar su Seppuku antes que sea demasiado tarde y la rabia de la ciudadanía nos lleve al deshonor. Hay un camino en la Historia de Chile donde la huella  y la obra de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet tiene el serio riesgo de ser borrada, si es que no asumimos este doloroso proceso del duelo, porque aunque algunos no lo vean, ya hubo velorio, funeral y entierro de nuestra coalición.

 

Este quiebre debe ser una oportunidad. La Democracia del 90 surgió de la calle, de las organizaciones vecinales, estudiantiles y de actores políticos que lograron conjugar esos sueños con un Chile democrático. Esa “lectura veloz” que hizo la clase política, creando la Asamblea de la Civilidad, hoy no se encuentra porque seguimos usando para un Chile nuevo, un atrasado silabario.

 

IV. La política de los acuerdos y la nueva Oposición

 

Si hay una definición notable de la política es aquella que la define como el arte de lo posible. Para que esos posibles, se concreten en políticas públicas, los acuerdos son esenciales. Sin embargo es muy distinto que se pongan de acuerdo dos coaliciones fuertes, con amplio respaldo ciudadano, a que lo hagan dos bloques que no representan  ni siquiera a la mitad de la población. Esa es la realidad de las dos coaliciones con más representación política en el parlamento, los municipios, los consejos comunales. Donde existan instancias de representación política están los mismos dos bloques con los cuales la gente no está satisfecha, como dice el Alcalde de Peñalolen  @orrego El gobierno está mal, pero seamos francos, nosotros no estamos muy bien. Nos falta mucho por sintonizar con el nuevo Chile siendo oposición”

 

 

El llamado entonces del Gobierno a un acuerdo de unidad nacional, es un grito en el desierto. Llama a la mesa a quienes han estado siempre en ella, cuando lo que está pasando, es que “otros” desean sentarse sin intermediarios y definir los asuntos públicos de relevancia para  nuestro país. Esos otros son: la gente de Magallanes, los artistas, los ecologistas, los mapuche, los estudiantes que hoy lideran la protesta social.

 

Hidroaysen es algo más que la Patagonia llena de represas. ¿Cómo se entiende que la Encuesta CEP del año pasado muestre solo a un 3% de chilenos preocupados del medio ambiente y hoy sea un tema que tenga a un Gobierno con una histórica desaprobación?. Lo que sucede es que la gente quiere una Patagonia libre de Endesa y también un país  más libre, donde las decisiones dejen de ser un privilegio de pocos y sólo un reducido grupo puede optar a cargos de representación popular.

 

Quizás nadie se recuerde hoy quien es  el Ingeniero, Luis Molina Vega.  Este profesional levantó una candidatura presidencial en las pasadas elecciones que no alcanzó a llegar a la papeleta, no obstante logró mostrar que algo nuevo estaba pasando en la ciudadanía, no todos lo vieron, pero dado lo que hoy ocurre me he atrevido a denominar el hastío de la política tradicional como  “El Síntoma Molina”. Este Tomecino, fue el verdadero offsider, no en el sentido de estar fuera de juego, sino claramente adelantado. Molina intentó debatir con todos los candidatos, pero nadie aceptó su invitación. ¿Por Qué? porque para le elite no es “lógico” que un ciudadano de una comuna de 70 mil habitantes pretenda ser candidato a la Presidencia de Chile y porque aparentemente no representaba riesgos para los bloques poderosos. ¿Saben cuál era la bandera de este candidato? la defensa de los pueblos pequeños. “No es por ambición que quiero ser Presidente, sino porque me he dado cuenta que los pueblos que son como Tomé- siete millones de persona viven en comunas de menos de 100 mil habitantes- tienen los mismos problemas y esta realidad vale la pena representar”, señalaba este precandidato.

 

El offsider Molina tuvo en la última encuesta Adimark, la comprobación empírica, de que su postulación no era una locura, pero si estaba adelantada al momento político. Hoy presenciamos  en caída libre, sin paracaídas, no sólo al Gobierno, sino también a todos los partidos con representación electoral.

Muchos dirigentes políticos concertacionistas celebraron los pésimos resultados del Gobierno en la última encuesta Adimark, sin embargo a la altura de los datos quizás debiese ser el último festejo pues 65 de cada 100 chilenos ven en la Concertación sólo un ataúd, grande y llamativo, pero todos sabemos qué esconde un objeto como este.

 

Un 30% de los encuestados aprueba como lo estamos haciendo los Senadores y un 24% evalúa bien el desempeño de los Diputados. Por donde se mire, es la clase política la que esta en el centro del desprestigio.

Me defino como opositor a este gobierno. Es en ese 56% donde radica la “Nueva Oposición”, allí deben ubicarse todos los demócratas, porque en ese espacio social están las claves para un nuevo proyecto político nacional. Lo que nos debe unir está en esa lectura y no en la marca Concertación.

 

Hay quienes creen que esta oposición no tiene aun forma, tampoco voz nítida ni estructura. Nuestro problema es que no estamos realizando un mayor esfuerzo por conocerla y queremos mirarla como un movimiento social pasajero, como muchos otros que registra nuestra historia, sin vocación de poder, como si todos los manifestantes contra HidroAysen estuviesen allí por un asunto Snob, desconociendo que en muchas partes del mundo, el movimiento de Los Indignados, toma una imponente fuerza. Sin embargo este malestar, está lejos de extinguirse. Lo que hoy día estamos observando es algo mas profundo, como un gran aluvión o tal vez como ese tsunami que Chile no oyó el 27F y que va acumulando frustración, cansancio y mucha rabia.

Lo que hoy mueve a Chile no es sólo Hidroaysen, los mapuche presos por la Ley Antiterrorista que a estas alturas es la nueva ley maldita del siglo XXI, los estudiantes universitarios, los transgénicos, las minorías sexuales, también se escucha un ¡Basta! al  endeudamiento de las familia; al alto costo de los alimentos, la educación, medicamentos y transporte y por sobre todo, en cada marcha está presente una demanda casi de carácter patriótico: la demanda de participar en los debates de fondo del país. Esto se viene acumulando hace mucho tiempo sin embargo la derecha no tiene nexos con ese mundo, lo que hace más difícil preveer hacia donde pueden derivar esos movimientos de protesta.

 

Cuando la identificación con las coaliciones es bajísima, con elecciones en los partidos políticos sin procesos transparentes, con financiamientos poco claros, cuando la oferta democrática es sólo para “los de siempre”, entonces sucede lo que el Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar, ha dicho en estos días “la ciudadanía ha descubierto la necesidad de actuar soberanamente”.

Hay quienes creen que los que protestan son hijos del bienestar entregado en los Gobiernos de la concertación. Adhiero a esa tesis, pero le agrego que son hijos no reconocidos y con mucha rabia acumulada. Estoy convencido que esta protesta hay que escucharla, mas que encauzarla y en ese acto de escucha lo primero que debemos hacer es promover cambios en las esferas de poder que hoy existen. La primera y más urgente es  modificar el sistema electoral binominal, impulsar las primarias legales para todos los cargos de elección popular, instaurar plebiscitos como herramienta de deliberación democrática, desenredar  el proyecto que hoy se encuentra en el Congreso sobre voto voluntario e inscripción automática y hacerlo carne lo más urgente posible y elegir democráticamente los consejeros regionales. Todas estas acciones no son resorte de quienes hoy marchan, están en el poder de la elite y hacerse los sordos no ayuda mucho.

 

Fundamental es construir un nuevo eje social demócrata donde el PS-PPD sean actores claves, pero no los únicos ni menos los que hegemonicen este debate. Todos quienes queremos un Chile más libre y democrático debiésemos estar dispuestos a forjar  esta nueva alternativa de centro izquierda.

 

La propuesta de un gobierno ciudadano que Bachelet  impulsó debe dar paso a una apuesta política de mayor atrevimiento, asumiendo elementos de la  Democracia Participativa, donde se puedan habitar  y crear nuevos espacios de deliberación democrática  que hoy siguen estando en los dos grandes bloques políticos.

El desafío es atreverse a estos cambios no hacerlo significara, inevitablemente, una nueva derrota electoral. Sólo si avanzamos en esta dirección podremos entender mejor las demandas ciudadanas. Nuestro pasado concertacionista  no es aval para abrir esta  conversación, creer que con los anales de lo que hicimos es posible conducir estos movimientos es un profundo error  y sólo aumentará la distancia entre nuestros partidos y los movimientos sociales.

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